“La Ecoserie”, un caso de éxito de branded content para ECOCESTA

Juntos Juntos

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Este mes de abril, Grecia ha anunciado la prohibición del acceso a redes sociales para menores de 15 años, una medida que, previsiblemente, entrará en vigor en 2027. No es un caso aislado: Australia ya lo hizo también y, en Europa, Francia ha planteado restricciones similares y países como Reino Unido o Alemania están intensificando el debate regulatorio. 

España no está al margen. En los últimos meses, el Gobierno ha puesto sobre la mesa la posibilidad de limitar el acceso a redes sociales a menores de 16 años, además de exigir sistemas de verificación de edad más estrictos a las plataformas. 

El escenario empieza a cambiar y ya no hablamos de algo hipotético, «si Europa regula el acceso de los menores a las redes sociales», sino que hablamos de cuándo y con qué alcance lo hará. 

Para los padres de millones de adolescentes es una buena noticia, pero para la industria publicitaria, la noticia viene con una gran pregunta: ¿qué ocurre cuando una parte relevante de la audiencia joven deja de ser accesible, al menos de forma directa, en los canales donde hoy se concentra su atención? 

Una audiencia masiva que hoy vive en redes 

Partimos de la base de que el consumo digital entre adolescentes en España no es marginal, a día de hoy ya es estructural. Según el INE, el 96,5% de los menores de entre 10 y 15 años utiliza internet y el 67,9% dispone de teléfono móvil. A esto se suma que, según UNICEF, el 92,5% de los adolescentes participa en redes sociales y tres de cada cuatro utilizan tres o más plataformas. 
El acceso además es cada vez más temprano: el primer móvil llega de media a los 10 años, y ya en los últimos cursos de Primaria la mayoría de los menores tiene presencia en entornos sociales. 

Esto explica por qué cualquier restricción regulatoria tiene un impacto directo en el ecosistema publicitario. No estamos hablando de limitar un canal más, sino de intervenir sobre uno de los principales puntos de contacto entre marcas y audiencias jóvenes. 

El cambio no será creativo, será de planificación 

Si se limita el acceso de los menores a redes sociales, el primer efecto no lo veremos ni en los formatos ni en los mensajes, sino en la planificación de medios

Muchas marcas han construido en los últimos años estrategias de alcance y frecuencia apoyadas en plataformas como TikTok, Instagram o YouTube. Si parte de ese inventario deja de ser accesible o pasa a estar más controlado, la cobertura real de las campañas se reducirá. Además, aumentará la presión sobre el inventario disponible. Menos usuarios accesibles implica mayor competencia por los impactos válidos y, previsiblemente, un encarecimiento de ciertos segmentos. 

A esto se suma un tercer factor: la medición. Si la verificación de edad se convierte en un requisito efectivo, la tolerancia al targeting difuso desaparecerá y las marcas tendrán que demostrar con más claridad a quién están impactando y en qué condiciones. 

La atención no desaparece, se desplaza 

El comportamiento de las audiencias no va a cambiar por decreto, pero tendrá que adaptarse y, como la energía que no se destruye y sólo se transforma, la atención adolescente no desaparecerá, sino que se dirigirá a otros entornos. 

Los datos ya anticipan parte de ese movimiento. Los jóvenes son los principales consumidores de vídeo online y plataformas bajo demanda, y su consumo de contenidos digitales va más allá de las redes sociales tradicionales. 

En este contexto ganan peso entornos como el vídeo en streaming, el gaming, las plataformas de contenido bajo demanda o incluso formatos híbridos entre entretenimiento y comunidad. 

Esto obliga a las marcas a replantear el mapa de medios. La planificación ya no girará únicamente en torno a plataformas sociales y pasará a centrarse en ecosistemas de atención más amplios, donde el contacto con el usuario es menos directo, pero potencialmente más cualificado. 

Cambia también el tipo de impacto publicitario 

Cuando una audiencia pasa a ser más difícil de contactar de forma directa, cambia la lógica de cómo conectar con ella. 

Las campañas basadas en repetición y volumen pierden eficacia relativa frente a estrategias apoyadas en contexto, contenido y relevancia. El branded content, las colaboraciones con creadores o las integraciones en entornos de entretenimiento ganan peso frente al impacto clásico en feed

También es probable que aumente el papel de los entornos familiares o compartidos. Si el acceso de los menores está más controlado, la influencia del entorno, especialmente de los padres, vuelve a ser más relevante en determinadas decisiones de consumo. 

Esto no elimina la comunicación con audiencias jóvenes, pero sí introduce nuevas capas en la estrategia: no solo hay que impactar, hay que hacerlo en el contexto adecuado y con mayor legitimidad. 

El verdadero cambio no es el canal, es el modelo de acceso a la audiencia  

Durante años, las redes sociales han ofrecido a los anunciantes una combinación difícil de igualar: escala, segmentación precisa, velocidad creativa y medición casi en tiempo real. 

Una restricción al acceso de menores rompe ese equilibrio, no porque desaparezcan las audiencias, sino porque deja de existir el acceso directo y masivo a una parte de ellas en un mismo entorno. 

Esto obliga a las marcas a trabajar de otra manera: con más planificación, más diversificación de canales y, sobre todo, con una mayor integración entre estrategia, datos y activación. 

El foco dejará de estar en la optimización de una plataforma concreta y pasará a estar en construir presencia en distintos puntos de contacto a lo largo del journey. 

Qué deberían empezar a hacer las marcas 

Aunque el marco regulatorio todavía no esté completamente definido, el cambio de tendencia es evidente, y esperar a que la normativa esté cerrada nos obligaría a actuar de forma reactiva. 

Sin embargo, si le dedicamos unos minutos, podemos pensar ya en varias líneas de trabajo que se pueden empezar a activar. 

La primera es analizar el peso real que tienen las redes sociales en la captación de audiencias jóvenes y entender el nivel de dependencia actual. 

La segunda, identificar alternativas de alcance: vídeo online, CTV, gaming, audio digital, retail media o estrategias con creadores que no dependan exclusivamente del paid social. 

La tercera, revisar cómo se están utilizando los datos y los criterios de segmentación, especialmente en campañas con audiencias cercanas a la minoría de edad. 

Y, por último, alinear equipos de marketing, data y legal para anticipar escenarios donde la verificación de edad y el cumplimiento normativo tengan un impacto directo en la activación. 

Un cambio estructural, no táctico 

La posible limitación del acceso de los menores a redes sociales en España no parece que vaya a ser un ajuste puntual, sino que se prevé como un cambio que viene para cambiar la manera en que las marcas construyen relaciones con una generación que ha nacido y crecido en entornos digitales. 

Lógicamente la publicidad no va a desaparecer de ese espacio, pero sí va a cambiar la forma en la que llega a él. 

Para las marcas, como decíamos al principio, la diferencia estará anticiparse y no en reaccionar cuando la regulación sea efectiva. 

Fecha
mayo 3, 2021

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